Por: Gary de León
En ocasiones te toca vivir una infancia diferente a la que
los demás niños suelen tener. Una infancia con muchos deseos, anhelos de
tener cosas que otros niños si podían
tener. Una piñata, un juguete , un par de zapatos dignos de vestir, un pantalón
sin remiendos, o un suéter sin agujeros , una casa dónde vivir , una bicicleta
para aprender a caer y luego levantarte o bien, desear comer algo que solo en
tus sueños quizá podrías tener.
Una niñez sin poder divertirte como lo solían hacer otros
niños de aquella época, obviamente el deseo de poder tener ese espacio para
divertirte se hacía más grande, pero la necesidad de ayudar a la familia era la
mayor prioridad pues tenían que ocupar su tiempo en colaborar en los oficios y
así tener dinero para seguir creciendo. La vida les estaba dando por alguna circunstancia
esta prueba, quizá con propósito en un futuro ser unos grandes hombres. ¿Pues
qué podemos esperar a los 8 años? Diversión,comer, salir deseo de querer todo
lo que ves, que te celebren una piñata, querer comer un pastel entre muchas
cosas más. Para estos niños la vida no fue así, siempre les habló ayudar a su
abuela en el ámbito de la cocina: lavar platos, barrer, pelar verdura, partir leña envolver
los tamales para el negocio, en fin.
Nunca pudieron tener tantas cosas que en sus amigos podían ver. Más que
quedarse con ilusión de algún día poder tenerlo algo similar.
Crecieron con una rigidez muy fuerte, pues se veían obligados
a realizar los oficios que se les ponían,tenían que realizarlos si no querían ser
jaloneados por no obedecer las órdenes
que se les daban. Pero como todo niño sentía la gana de divertirse y en
ocasiones dejaban los oficios, claro por un momento, solían pensar, pero sin
darse cuenta la tarde se les terminaba jugando. Ateniéndose a las consecuencias
de no haber hecho lo que tenían que realizar. Siempre con limitaciones,
teniendo el tiempo contado cuando se les presentaba la oportunidad de tener una
tarde libre, pero nunca olvidaban que el
oficio les esperaba en casa. Hay que
rescatar lo positivo de esto, la abuela siempre los motivaba que por cualquier
oficio o mandado que realizaran, ella los compensaría con 25 centavos, que para
ellos era un dineral, pero lo hacía con el motivo de que esos niños aprendieran
aganar su propio dinero, y le tomaran sabor al trabajo.
En la actualidad aquellos niños, ahora jóvenes unos casados
con hijos y felices, no tienen problemas para enfrentar la vida, gracias a
aquella viejita que siempre les pateaba las espinillas para que hicieran bien
los oficios, hoy saben cocinar, saben ganarse la vida, no le tienen vergüenza
al trabajo, y aquellas experiencias vividas en su niñez, los han enseñado a
valorar la vida, y lo poco o mucho que puedan tener.
DISFRÚTALOS.
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