jueves, 25 de julio de 2013

Una infancia diferente



Por: Gary de León

En ocasiones te toca vivir una infancia diferente a la que los demás niños suelen tener. Una infancia con muchos deseos, anhelos de tener  cosas que otros niños si podían tener. Una piñata, un juguete , un par de zapatos dignos de vestir, un pantalón sin remiendos, o un suéter sin agujeros , una casa dónde vivir , una bicicleta para aprender a caer y luego levantarte o bien, desear comer algo que solo en tus sueños quizá podrías tener.

Una niñez sin poder divertirte como lo solían hacer otros niños de aquella época, obviamente el deseo de poder tener ese espacio para divertirte se hacía más grande, pero la necesidad de ayudar a la familia era la mayor prioridad pues tenían que ocupar su tiempo en colaborar en los oficios y así tener dinero para seguir creciendo. La vida les estaba dando por alguna circunstancia esta prueba, quizá con propósito en un futuro ser unos grandes hombres. ¿Pues qué podemos esperar a los 8 años? Diversión,comer, salir deseo de querer todo lo que ves, que te celebren una piñata, querer comer un pastel entre muchas cosas más. Para estos niños la vida no fue así, siempre les habló ayudar a su abuela en el ámbito de la cocina: lavar platos,  barrer, pelar verdura, partir leña envolver los tamales para el negocio, en fin.  Nunca pudieron tener tantas cosas que en sus amigos podían ver. Más que quedarse con ilusión de algún día poder tenerlo algo similar.

Crecieron con una rigidez muy fuerte, pues se veían obligados a realizar los oficios que se les ponían,tenían que realizarlos si no querían ser jaloneados por no obedecer las órdenes  que se les daban. Pero como todo niño sentía la gana de divertirse y en ocasiones dejaban los oficios, claro por un momento, solían pensar, pero sin darse cuenta la tarde se les terminaba jugando. Ateniéndose a las consecuencias de no haber hecho lo que tenían que realizar. Siempre con limitaciones, teniendo el tiempo contado cuando se les presentaba la oportunidad de tener una tarde libre,  pero nunca olvidaban que el oficio les esperaba en casa.  Hay que rescatar lo positivo de esto, la abuela siempre los motivaba que por cualquier oficio o mandado que realizaran, ella los compensaría con 25 centavos, que para ellos era un dineral, pero lo hacía con el motivo de que esos niños aprendieran aganar su propio dinero, y le tomaran sabor al trabajo.

En la actualidad aquellos niños, ahora jóvenes unos casados con hijos y felices, no tienen problemas para enfrentar la vida, gracias a aquella viejita que siempre les pateaba las espinillas para que hicieran bien los oficios, hoy saben cocinar, saben ganarse la vida, no le tienen vergüenza al trabajo, y aquellas experiencias vividas en su niñez, los han enseñado a valorar la vida, y lo poco o mucho que puedan tener.

DISFRÚTALOS.

Hombres y mujeres van y vienen, ciertamente lo sabemos. Lo hermoso de la vida es aprovechar quienes están contigo ¡HOY!

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