miércoles, 31 de julio de 2013

¡Noche que No te quise en mi cama!

¡Noche que No te quise en mi cama!

Noche llena de calor, mi cuerpo sudoroso mojaba cada vez más la cama dónde tu compañía era inevitable. Las sabanas se pegaban a mi cuerpo como estampilla, dejándome sin oportunidad alguna de moverme. No quería tenerte conmigo en ese momento, pues tu presencia me hacia tanto daño, pero fue dificil colocar resistencia a tu presencia. Fuiste  más fuerte que una epidemia de cáncer, o la misma hepatitis. Insisto no te quería conmigo en ese instante, pues tu presencia llamaba a mi cuerpo la sensación de arder en fuego, bueno, es común sentir esto con alguien como vos.
Ya no aguantaba más, quise tomarte y empujarte para que te alejaras de mí y sintieras el  aborrecimiento que sentía en ese instante con tu presencia, sin embrago no hiciste caso a mi indiferencia y a mi gran malestar de tenerte encima de mí,  si no hubieras sido vos, te juro que te beso hasta hacerte el amor locamente. Pero no,  lamentablemente no eras quien yo quería que estuviera en ese instante conmigo, sin embargo tuviste la delicadeza  de hacer sudar mi cuerpo como nunca antes nadie lo había logrado, me admire lo acepto, igual no era motivo para quererte allí conmigo, lo único que quería era tenerte lejos y no sentirte más, pues si seguías con esa insistencia de hacerme sentir lo que sólo vos sabes hacer sentir, no sé qué hubiese pasado lo acepto.
Quizá llamar a mi mamá hubiese sido lo más adecuado en esta situación, pero no, tu pesada presencia no me dejaba murmullar palabra alguna, mis ojos ardían , mis manos quemaban , no por querer tocarte , sino más bien por querer agarrarte del cuello y sacudirte hasta que sintieras que si seguías insistiendo era capaz de matarte. Pero claro, gracias a tu presencia en mi cama no pude gritar a mi mamá para que me rescatara de tus malditas garras, garras que poco a poco consumían mi cuerpo en fuego.

¡Ah maldita gripe! , que por casi tres noches fui víctima de tu inaceptable presencia en mi cama, me consumiste y me torturaste, pero al fin pude vencerte. Pobre de aquel que ahora es tu víctima, y que como yo reprochamos tu maldita presencia en nuestra cama.

POR: GARY DE LEÓN

No hay comentarios:

Publicar un comentario