Por: Estela Simaj
No podía imaginar algo tan soñador, como aquella noche donde la lluvia caía
en aquel parque, era uno de esos momentos más románticos, bueno para mí lo era,
siempre había querido ver llegar a ese lugar al hombre que amo, recuerdo que
llevaba una chumpa color negro con una gorra negra y una luz que iluminaba su
rostro el cual hacía que mi momento fuera mucho más mágico.
Habíamos quedado en vernos muchas veces, pero él no se decidía a venir
porque tenía miedo de amar como yo lo tenía antes, él no estaba seguro, mas sin
embargo siempre le insistí que conociera un poco más mí, de mi forma de ser y de amar.
Ese día se arriesgó por mí, dejo su trabajo, su familia y sus amigos
para verme y empezar el sueño de amor conmigo.
Recuerdo que era en el mes de julio una noche fría que hacía que
necesitara de su abrazo. Él me llamo y dijo que llegaría al parque. Recuerdo que las gotas de lluvia se hacían más fuertes con la misma potencia en
que mi corazón latía.
Dentro de mí decía; “que feliz soy, por fin veré al hombre que amo”,
todo lo miraba con amor, hasta las gotas de lluvia formaron parte del amor
aquella noche, donde no existía el odio, olvido y rencor, solo el amor que nos
unía a través de su amor y mi amor.
No puedo explicar aquellos labios suaves y tiernos que jamás había
sentido en mi vida, el calor de sus manos rodeando mi cintura y su mirada más
tierna donde podía ver que me amaba inmensamente, por un momento vi que nadie estaba
alrededor nuestro, solo estábamos él y yo, me sentía flotando en esa burbuja de
amor.
No puedo explicar la sensación de felicidad que sentí al tener a mi lado
aquel hombre que cambio muchas cosas en mi vida, me enseño tanto de él y
aprendió mucho de mí, ahora lo recuerdo, y amo ese momento, que sé nunca más se repetirá porque lastimosamente el tiempo es único e
irrepetible, pero en mi mente guardo todos los recuerdos del hombre que me hizo
sentir feliz y amada en mi vida.
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