jueves, 25 de julio de 2013

Larga noche...

María Teresa Soto Hernández




A lo lejos escuchaba el ladrar de los perros.  No era una noche común y corriente.  Algo en el ambiente hacía que en mi habitación meditara acerca de la vida, la vida que hoy tenemos pero mañana no se sabe.

En ese momento a mi mente le llegaban recuerdos que ni yo misma sabía que estaban allí.  Alegrías, tristezas, risas, llantos, retos, pero sobre todo aquellos momentos que marcaron mi niñez y mi adolescencia, momentos que me hacen ser lo que soy hoy.

Meditaba en que muchas veces no recordamos las cosas buenas y las alegrías de la vida, sino vivimos en torno a las tristezas.  Esto, lógicamente, nos lleva a vivir una vida triste, depresiva, sin cambios, y que hasta cierto punto afecta a los que nos rodean.

Meditaba también acerca de las grandes victorias que hemos alcanzado, y en las pequeñas derrotas, que tampoco han faltado y pensaba: ¿Cuántas veces vivimos de acuerdo a las pequeñas derrotas y no en torno a las grandes victorias? Muchas respuestas hay para  tal pregunta. 

En el mundo de hoy, la gente está buscando llegar a sus metas, pero ni siquiera quiere ver el horizonte y levantarse para llegar a ella. Todos hemos caído en un conformismo y en un miedo al cambio que hace que vivamos como vivimos.  Podemos echarle la culpa a todos los que queramos, a nuestros padres, a la escuela, al cónyuge,  a los hijos, a la religión,  a la sociedad, al jefe, hasta al propio gobierno, pero en el fondo sabemos que cada quien ha logrado lo que ha querido, y que se puede alcanzar más de lo que se tiene.


La noche se hacía más larga a cada minuto, los perros seguían ladrando, en mi mente daban vuelta muchas ideas, hasta que al fin pude conciliar el sueño.

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