miércoles, 24 de julio de 2013

Del tingo al tango y de la sexta al cerrito


Por: Pedro Orozco

Este martes inusualmente desperté bastante temprano y después de un gran desayuno me dirigí a la casa de un amigo quien me ayudaría con la grabación de un  micro relato para una de las tareas de la U que tenia para esta semana, excitado por el largo itinerario que cumpliría inicie la jornada de aquel día.
Mónica y María una pareja de estudiantes universitarias poco convencional serian parte del elenco para mi micro narrativa además de mi amigo George quien también actuaria. Fue un gran desafío convencerlas para actuar en mi pequeña producción ya que en esta debieron enfrentarse a una lucha interna que trasciende a los límites de lo "normal" debido a que en nuestra sociedad se denota grandemente la intolerancia a la homosexualidad.
Tengo que admitir que luego de convencerlas, la producción fluyo tan libremente al ver que las cosas simplemente salían simplemente bien. El resto del día se visualizaba un tanto arduo, pero la grandiosa satisfacción de realizar todo exitosamente y tocar un tema tan polémico en mi producción hizo que tuviera la energía suficiente para continuar trabajando el resto del día.
El reloj marcaba las 8:00 hrs y fue el momento de entrar al tráfico mañanero de la convulsa Ciudad Capital, y entonces me dirigí al trabajo. Pronto mis revoluciones bajaron su nivel de aceleración  dominadas ante la cotidianidad de las labores de oficina justo hasta las 5:30 hrs, cuando de repente en mi bandeja de entrada aterrizó un correo del contacto más inesperado que ciertamente no esperaría llamar en un día normal.
Una hora y media más tarde me encontré con la inusual emisaria de aquel correo, una dama muy alegre de zapatos grandes, sonrisa pronunciada y un muy buen sentido del humor. Se trata de "Pequitas", Lizbeth Oliveros la líder del gremio de payasos de Guatemala quien llego acompañada de una decena de profesionales del humor.
Los colores de sus vestuarios, sus singulares bromas  y exagerados accesorios provocaron que más de una persona se detuviera para observar lo que estaba pasando, mi compañero y yo los entrevistábamos, entre músicos ambulantes, enamorados sonrientes, patinetos y roqueros ponderaron ante mis ojos la riqueza de mi país, su gente; mientras que aquel grupo de payasos buscaba la solución a un mal social que simplemente a cambiado de nombre, el bullying.

Media hora más tarde me encontré en uno de los barrios más antiguos de Guate, El Cerrito del Carmen juegos mecánicos y platos típicos, para mi compañero aquello resultaba totalmente extraño y hasta cierto punto desagradable, mientras que para mí era estar un momento en casa recordando las pequeñas ferias de mi natal Quetzaltenango. Es increíble como hay quienes viven en este lugar  y desconozcan tanto sobre su cultura y prefieran abordar temáticas de otros países.

Dos millones de guatemaltecos viven en esta inmensa ciudad, algunos tienen mucho dinero otros a duras penas logran sobrevivir con menos de un dólar al día sin embargo el tejido social es tan diverso y polifacético que no tiene nada que envidiarle a cualquier otra sociedad, solo hace falta valorarlo y mostrar lo que verdaderamente somos, guatemaltecos, ni Chivos ni Chapines, hay que decirlo así somos miembros del mismo equipo y vivimos bajo la misma luna y las mismas nubes cargadas de sueños.


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