Por: Pedro Orozco
Este
martes inusualmente desperté bastante temprano y después de un gran desayuno me
dirigí a la casa de un amigo quien me ayudaría con la grabación de un
micro relato para una de las tareas de la U que tenia para esta semana, excitado
por el largo itinerario que cumpliría inicie la jornada de aquel día.
Mónica y
María una pareja de estudiantes universitarias poco convencional serian parte
del elenco para mi micro narrativa además de mi amigo George quien también
actuaria. Fue un gran desafío convencerlas para actuar en mi pequeña producción
ya que en esta debieron enfrentarse a una lucha interna que trasciende a los
límites de lo "normal" debido a que en nuestra sociedad se denota
grandemente la intolerancia a la homosexualidad.
Tengo que
admitir que luego de convencerlas, la producción fluyo tan libremente al ver
que las cosas simplemente salían simplemente bien. El resto del día se
visualizaba un tanto arduo, pero la grandiosa satisfacción de realizar todo exitosamente
y tocar un tema tan polémico en mi producción hizo que tuviera la energía
suficiente para continuar trabajando el resto del día.
El reloj
marcaba las 8:00 hrs y fue el momento de entrar al tráfico mañanero de la
convulsa Ciudad Capital, y entonces me dirigí al trabajo. Pronto mis revoluciones
bajaron su nivel de aceleración dominadas ante la cotidianidad de las
labores de oficina justo hasta las 5:30 hrs, cuando de repente en mi bandeja de
entrada aterrizó un correo del contacto más inesperado que ciertamente no esperaría
llamar en un día normal.
Una hora
y media más tarde me encontré con la inusual emisaria de aquel correo, una dama
muy alegre de zapatos grandes, sonrisa pronunciada y un muy buen sentido del
humor. Se trata de "Pequitas", Lizbeth Oliveros la líder del gremio
de payasos de Guatemala quien llego acompañada de una decena de profesionales
del humor.
Los
colores de sus vestuarios, sus singulares bromas y exagerados accesorios
provocaron que más de una persona se detuviera para observar lo que estaba
pasando, mi compañero y yo los entrevistábamos, entre músicos ambulantes,
enamorados sonrientes, patinetos y roqueros ponderaron ante mis ojos la riqueza
de mi país, su gente; mientras que aquel grupo de payasos buscaba la solución a
un mal social que simplemente a cambiado de nombre, el bullying.
Media
hora más tarde me encontré en uno de los barrios más antiguos de Guate, El
Cerrito del Carmen juegos mecánicos y platos típicos, para mi compañero aquello
resultaba totalmente extraño y hasta cierto punto desagradable, mientras que
para mí era estar un momento en casa recordando las pequeñas ferias de mi natal
Quetzaltenango. Es increíble como hay quienes viven en este lugar y desconozcan tanto sobre su cultura y
prefieran abordar temáticas de otros países.
Dos
millones de guatemaltecos viven en esta inmensa ciudad, algunos tienen mucho
dinero otros a duras penas logran sobrevivir con menos de un dólar al día sin
embargo el tejido social es tan diverso y polifacético que no tiene nada que
envidiarle a cualquier otra sociedad, solo hace falta valorarlo y mostrar lo
que verdaderamente somos, guatemaltecos, ni Chivos ni Chapines, hay que decirlo
así somos miembros del mismo equipo y vivimos bajo la misma luna y las mismas
nubes cargadas de sueños.
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